Él Ya Estaba Mirando el Camino
Hay una cuenta silenciosa que casi todos hacemos sin darnos cuenta.
Damos por hecho que la distancia entre Dios y nosotros fue idea de Él. Que Él dio un paso atrás cuando nos alejamos, y que ahora está esperando —con los brazos cruzados, paciente de una manera fría— a que nosotros demos el primer paso. Controlar el hábito. Controlar el enojo. Y entonces volver.
Así que nos quedamos donde estamos. No rebeldes, exactamente. Solo... lejos. Ensayando lo que diríamos, si algún día nos animáramos a decirlo.
Y entonces aparece una línea en una historia que contó Jesús, y desarma esa idea por completo.
Lucas 15:20
"Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle."
Dos cosas se mueven en ese versículo. El hijo se levanta. El padre corre. Casi todos recordamos la carrera —esa es la parte que se predica, y con razón—. Pero léelo más lento, porque debajo de la carrera hay algo en lo que casi nadie se detiene.
Lo vio. Cuando todavía estaba lejos.
