Les Puso Pan Delante
Casi todos sabemos cómo termina la historia de 2 Reyes 6. O eso creemos.
Un ejército rodea de noche el pueblito de Dotán. Al amanecer, un criado joven sale, lo ve y se le hiela la sangre. Eliseo ora una sola frase —«Ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea»— y los montes alrededor están llenos de gente de a caballo y de carros de fuego.
Ahí suele terminar la predicación.
El capítulo no. Y lo que pasa en los seis versículos siguientes es lo que no me he podido quitar de la cabeza esta semana.
